Y aquel pequeño pigmento verde lo cambió todo. Un color se convirtió en el mayor genocida de nuestra historia y liberó el gas más letal para las criaturas de aquel momento.
La Gran Oxigenación aniquiló a toda forma de vida que no pudo adaptarse, sentó las bases de la vida en la nueva Tierra y permitió la formación de la capa de ozono, escudo solar de las generaciones futuras.
Una pequeña bacteria permitió que aquel pez saliera del mar y se convirtiera en el homínido que, con su pulgar prensil, dominara el fuego y evolucionara hasta nosotros.
Somos y no somos clorofila.


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