Delirios

Se obstinó en subir a cubierta pese a la fiebre que le enturbiaba la vista. Cuando las galeras se trabaron en combate, el humo lo cubrió todo. No fue ágil en la lucha: sintió el impacto de un disparo, el calor de la pólvora abrasándole y, después, el peso muerto de su mano izquierda.

El mundo se inclinó. Velas y mástiles comenzaron a girar sobre su cabeza, dibujando figuras grotescas, hasta que la luz se apagó.

En brazos de la fiebre, los delirios tomaron forma de gigantes de madera y lona que avanzaban con movimientos antinaturales. Se incorporó tambaleante y arremetió contra ellos. El dolor agudo de la mano izquierda lo sacó de su pesadilla: había sobrevivido.

Años después, dedicado ya a otros menesteres, viajaba por un polvoriento camino. En el horizonte, la silueta de un molino detuvo su paso. Aquellas aspas giraban con una cadencia reconocida. Apretó con fuerza su mano izquierda, como quien se aferra a un recuerdo, y en su mente se encendió una chispa que, con el tiempo, se convertiría en Historia.


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