Dicen las estrellas que los fugaces somos nosotros. Según nuestro sentido del tiempo, podríamos pensar lo mismo de una mariposa: dura apenas un atisbo.
Sin embargo, en su corto recorrido, a una mariposa le basta una fase para desplegar toda su belleza.
Durante el reflejo de nuestra existencia, intentamos completar esa fase, pero a veces no lo conseguimos y permanecemos en la quietud del capullo.
La vida es compleja. A veces encontramos nuestro lugar para desplegar las alas y convertirnos en una eterna constelación; otras, quedamos suspendidos en una espera silenciosa, como una raya luminosa en la noche.


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