Sol de invierno

Era noche cerrada y en el coche empezó a sonar la canción.
Recordaba la última vez que la escuché; algo se activó dentro de mí.

—Creo que Extremoduro empezó a gustarme con esta canción —dije con voz animada.

Al seguir la letra me equivocaba; por algún motivo la canción sonaba rota.

«Y su calor, es como el sol, en una cama fría, en una noche de un invierno…»

Enseguida me invadió un trago amargo.

—Ya no existe Extremoduro —dije con el peso de lo que significaba.

Quedé en silencio.
Ella estaba demasiado cansada para oír mi lamento.
No insistí.

Quise seguir.
No podía olvidarla.
Debía recordarla.

«Ni ella era la reina de las aves, ni yo le puse cara de ratón…»

El coche siguió.
La canción acabó.
Nada cambió.

No volvería a ser lo mismo.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *